Hoy es cuando sigo pensando en ti, como si no te hubieses ido, como si pudiese volver a verte, tengo la extraña sensación de que si voy a tu casa me abrirás la puerta, o quizá no lo hagas pero será porque estarás echando una cabezadita en la silla del salón. Jajaja siempre me ha llamado muchísimo la atención tu capacidad de dormitar en cualquier lado, con la cabeza hacia arriba y la boca abierta, mira que hay sitios cómodos en tu enorme y precioso salón, pues nada, a ti con la silla mullida de reposabrazos te vale.
Me sorprende aun más que nunca vallas a volver a llamarme “la modelo” y me asusta no pasar inviernos ni veranos a tu lado, hoy es el día en el que recuerdo tu risa, tus chistes, tu afición incondicional por la comida calórica, tu devoción por la iglesia, tus manos rechonchas agarrando las mias, tus canciones en euskera sin entender ni papa, tu sordera, tu ojo rojo…que es el único que jamás me negué a mirar, tus pecas, el pelo blanco, y tu empeño en no ir en silla de ruedas, mm…y esa colonia, limpieza ante todo.
¿Sabes? Desde entonces me he imaginado mil veces contigo en el porche, una tarde nublada pero calurosa, contándote todo lo que te has perdido de “Amar en tiempos revueltos” y terminaré de verlo, porque algún día tendré que contártelo, digo yo, ¿no?
Es cierto que nunca podré olvidar las tardes en el hospital, conformándome con que me reconocieses demostrándolo con una sonrisa, tu último consejo, el mejor, el que seguiré a rajatabla, y que jamás olvidaré, tampoco podré deshacerme de la imagen del tanatorio, en la que tus labios se deslizaban hacia abajo sin remedio, no me atreví a mirar hasta el último minuto, la iglesia, llena de gente, por ti, por mi, por nuestra familia, pero, y como nieta mayor, te digo, desde aquí, gracias, de nuevo, por ser el creador de una familia tan maravillosa, has sido, eres y serás nuestro ejemplo a seguir. Beti bihotzean. Maite zaitugulako, maite zaitudalako.
Benetan, betidanik eta betiko Aititi.
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